MALABIA

 

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 “uno de los aspectos más interesante sean los elementos sutiles de comedia negra que tiene, y que le plantean al espectador la duda ética de si reír o no con aspectos de una historia tan macabra: evidentemente la comicidad forma parte de la historia, y usada con agudeza como lo hace Becker, resulta descarnada y crítica, lejos de lo burdo o simplista”

 

 DIRECCIÓN: JORGE BECKER ELENCO: DANIEL ALCAÍNO, NICOLÁS PAVEZ, ERNESTO ORELLANA Hace un par de años, el 28 de abril de 2011, un hombre fue encontrado muerto, con más de treinta puñaladas en el cuerpo, en una oficina del centro de Buenos Aires. El hallazgo movilizó rápidamente no sólo a la policía, sino también a algunas importantes autoridades de seguridad argentinas: no se trataba de un muerto cualquiera, el cuerpo era el de Enrique Arancibia Clavel, uno de los agentes más connotados de la DINA (el primer aparato de Estado montado por la dictadura de Pinochet, para perseguir a los opositores al régimen, antecedente de la CNI) en el extranjero. Arancibia Clavel, entre otras acciones terroristas, participó en la Operación Colombo, en la que murieron más de cien militantes del MIR en el extranjero (ese que el diario La Segunda informara con el recordado titular “Exterminados como ratones”), y en el atentado explosivo que costara la vida del ex – comandante en jefe del ejercito Carlos Prats y su esposa, en 1974 en Argentina. Malabia, que toma el nombre de la calle donde explosó el auto que mato a Prats, pone en escena uno de los interrogatorios que se llevaron a cabo en el contexto del juicio, específicamente del testimonio del peluquero y bailarín argentino Humberto Zambelli (Daniel Alcaíno), quien tuvo una relación sentimental con Arancibia Clavel entre 1974 y 1978, justamente cuando el agente desarrolló gran parte de sus acciones terroristas, y llevaba el nombre falso de Luis Felipe Alemparte Díaz. La obra muestra en clave de humor negro, extractos del interrogatorio de Zambelli, pero la comicidad de la escena no se debe a un tratamiento dramatúrgico que satirice el relato, sino más bien se debe al absurdo propio de la declaración del artista argentino, que mediante constantes contradicciones y vaguedades, aparece como un personaje enigmático, complejo, que parece saber más de lo que afirma, que sabía de algunas de las actividades ilícitas de su amante, pero que cayó y ocultó, quizá por miedo o por amor. Con un trío de actores de calidad indiscutible (además de Alcaíno actúan Ernesto Orellana y Nicolás Pavéz, que impresiona en su interpretación), la propuesta de Becker se introduce a través de Zambelli, en un aspecto incómodo: el silencio de los civiles. Explora esa débil línea que separa la ignorancia del silencio cómplice, que hasta el día de hoy parece no ser problemática, gracias al rótulo de “dictadura militar” que hace desaparecer la labor de civiles, como el mismo Arancibia Clavel. El interrogatorio de Zambelli pone en escena también, en cierta medida, a una sociedad que se devanea entre la amnesia y la memoria. Los confusos recuerdos del bailarín funcionan como alegoría de los recuerdos difusos de todo un país, y expone igualmente otro aspecto, que no deja de ser llamativo: la abierta homosexualidad de Arancibia Clavel que ha sido extrañamente acallada en nuestro país. Si se piensa esta obra en el contexto de toda la producción teatral chilena, este año a cuatro décadas del golpe, quizá uno de los aspectos más interesante sean los elementos sutiles de comedia negra que tiene, y que le plantean al espectador la duda ética de si reír o no con aspectos de una historia tan macabra: evidentemente la comicidad forma parte de la historia, y usada con agudeza como lo hace Becker, resulta descarnada y crítica, lejos de lo burdo o simplista.